Ubuntu sube la apuesta: ¿adiós a los pcs antiguos?
La distro de Linux que prometía ser el salvavidas para equipos desfasados está dando un giro inesperado. Ubuntu 26.04 LTS Resolute Raccoon, la nueva versión base de Canonical, exige 6 GB de RAM, dejando atrás la promesa de ligereza que la había convertido en una alternativa atractiva a Windows para usuarios con hardware modesto.

Un salto cualitativo, o una traición a sus raíces
Durante años, Ubuntu ha sido el refugio de aquellos que querían exprimir hasta la última gota de rendimiento de sus PCs antiguos, máquinas que Windows 11 ya considera obsoletas. Versiones anteriores, como la 14.04 LTS con su frugal 1 GB de RAM, o la 18.04 LTS que requería 4 GB, permitían revivir portátiles y equipos de escritorio con pocos recursos. Ahora, la exigencia de 6 GB de RAM representa un cambio radical. No se trata de que Ubuntu se niegue a instalarse en máquinas con menos memoria, sino que la experiencia será, como mínimo, insatisfactoria.
Pero la verdad es que la causa no es un aumento en el peso del sistema operativo en sí, sino un cambio profundo en la forma en que utilizamos nuestros ordenadores. ¿Cuántas pestañas del navegador tienes abiertas ahora mismo? ¿Cuántas aplicaciones web, editores de texto, clientes de correo y plataformas de mensajería conviven en tu pantalla? La realidad es que la navegación moderna, la edición básica de documentos y el uso de aplicaciones web consumen una cantidad significativa de memoria, algo que hace años era impensable.
Canonical, con esta decisión, parece dejar de lado la estrategia de “revivir” equipos antiguos, apostando por una experiencia más fluida y usable en hardware más moderno. Es una decisión arriesgada, pero también lógica en un contexto donde los sistemas operativos, tanto Windows como macOS, están exigiendo cada vez más recursos para ofrecer una experiencia óptima.
La competencia con Windows 11, que oficialmente requiere 4 GB de RAM (aunque 8 GB son altamente recomendables), se intensifica. Ubuntu 26.04 LTS se posiciona en un punto intermedio, exigiendo más que el mínimo de Windows pero alineándose con la recomendación de Microsoft para una experiencia de uso satisfactoria.
Para aquellos que aún conservan equipos más antiguos, la solución sigue existiendo en el ecosistema Ubuntu: Lubuntu, Xubuntu y otras variantes ligeras continúan siendo la opción ideal para exprimir al máximo esos 2 GB o 4 GB de RAM. Sin embargo, la versión principal de Ubuntu ya no se considera la mejor opción para resucitar una máquina vetusta. La distro se orienta ahora a un público más exigente, que busca un sistema operativo potente y capaz de aprovechar al máximo las capacidades de su hardware.
La ironía es palpable: Ubuntu, el sistema operativo que pudo haber devorado a Windows 95 si no hubiera sido por su mala fama, se aleja de sus orígenes para abrazar una realidad donde la potencia de cálculo es un requisito cada vez más indispensable.
En definitiva, Canonical está clarificando sus intenciones: Ubuntu ya no es solo un salvavidas para los PCs olvidados, sino una opción seria y competitiva para los usuarios que buscan un sistema operativo moderno y eficiente, capaz de sacar el máximo partido a sus equipos. Y si el mundo quiere dar el salto definitivo desde Windows, la potencia es la clave, sin excepción.
