Puig y estée lauder: ¿fusión millonaria o nuevo tablero geopolítico?
La firma española de moda y cosmética Puig Brands se encuentra en boca de todos. No solo por las conversaciones en curso con Estée Lauder para una posible fusión, sino por la intrincada red de intereses que se esconde tras esta operación. Una operación que ha puesto a las autoridades estadounidenses en alerta, y no por cuestiones meramente económicas.
El suegro influyente: kevin warsh y su conexión con netanyahu
La clave de este asunto reside en Kevin Warsh, el futuro presidente de la Reserva Federal (Fed) de EE.UU. Su esposa, Jane Lauder, heredera del imperio cosmético y nieta del fundador de Estée Lauder, lo conecta directamente con la compañía. Pero la historia no termina ahí. Warsh, amigo personal de Donald Trump y figura clave en el lobby judío estadounidense, es el presidente del Congreso Judío Mundial desde hace dos décadas. Su vinculación con el Likud, partido del actual primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, añade una capa de complejidad geopolítica a la ecuación.
Con una fortuna estimada en más de 5.000 millones de dólares, el suegro del futuro presidente de la Fed ha sido un actor importante en la política estadounidense durante años, tanto en la administración Bush como durante el segundo mandato de Trump, donde además fue un donante clave de su campaña. Su nombramiento a la Fed obligará a revelar cualquier conflicto de interés potencial, incluyendo su participación en consejos de empresas como UPS o Coupang.

Un gigante de la belleza a punto de nacer
La fusión entre Puig y Estée Lauder, si se concretara, daría lugar a un gigante global de la belleza con ingresos cercanos a los 18.200 millones de euros y una capitalización bursátil conjunta de alrededor de 37.100 millones. Un conglomerado que integraría más de 35 marcas premium, desde Carolina Herrera y Rabanne hasta MAC y La Mer.
Puig llega a esta negociación en un momento de fortaleza, cerrando 2023 con 5.042 millones de euros en ingresos y un EBITDA ajustado de 1.045 millones, mientras que Estée Lauder, aunque con ventas de 13.180 millones, ha registrado pérdidas netas de 1.040 millones debido a costes de reestructuración. La complementariedad de ambas empresas, con presencia en 150 países y una diversificación en productos (Puig fuerte en fragancias y moda, Estée Lauder en cuidado de la piel y maquillaje), podría crear un mix más equilibrado en el mercado.
El reparto de poder en el nuevo grupo se antoja delicado. Las familias Puig y Lauder se convertirán en socios de referencia, pero la existencia de acciones de doble clase en ambas empresas podría dar a los propietarios un mayor control político, complicando la toma de decisiones.
La operación, si bien presenta oportunidades de crecimiento y sinergias, plantea interrogantes sobre la influencia geopolítica y el control de un imperio de la belleza que se extiende por todo el mundo. La decisión final, sin duda, tendrá un impacto significativo en la industria y en las relaciones internacionales.