Puig y estée lauder: ¿fusión cosmética o guerra de intereses?

La industria de la belleza se estremece ante la posibilidad de una fusión entre Puig Brands, el gigante español de la moda y la cosmética, y su rival estadounidense Estée Lauder. Pero más allá de la mera operación financiera, la sombra de un influyente suegro del futuro presidente de la Reserva Federal (Fed) de EE.UU. añade una capa de complejidad geopolítica que ha puesto a las potencias mundiales en alerta.

Kevin warsh, el nexo inesperado

Kevin warsh, el nexo inesperado

El futuro presidente de la Fed, cuya confirmación está pendiente, está casado con Jane Lauder, heredera del imperio cosmético y nieta de su fundadora. Su padre, Ronald Lauder, es una figura clave en la política estadounidense, amigo personal de Donald Trump y una pieza fundamental en el lobby judío a través de su presidencia del Congreso Judío Mundial. Su influencia se extiende incluso al gobierno israelí, donde mantiene lazos con Benjamin Netanyahu.

La fortuna familiar, estimada en más de 5.000 millones de dólares, y el currículum de Warsh – graduado en Stanford y Harvard, con un máster en el MIT – lo convierten en un hombre de peso. Su pasado en la Fed, durante las administraciones Bush y Trump, y su actual asesoría de inversiones para Duquesne, el holding de Stanley Druckenmiller, lo colocan en el centro de la atención ante la inminente nominación.

La operación de fusión entre Puig y Estée Lauder, que podría dar lugar a un gigante global con ingresos cercanos a los 18.200 millones de euros, ha disparado las acciones de Puig casi un 15% en bolsa. Sin embargo, la ecuación no es tan sencilla. Aunque la complementariedad de ambas empresas – Puig fuerte en fragancias y moda, Estée Lauder en cuidado de la piel y maquillaje – parece ideal, la influencia estadounidense manda, incluso en momentos de debilidad para el país.

Puig llega a la mesa en un momento de fortaleza, cerrando 2023 con 5.042 millones de euros en ingresos y un EBITDA ajustado de 1.045 millones. Estée Lauder, en cambio, arrastra pérdidas netas de 1.040 millones y una deuda neta cercana a los 4.050 millones. La posible fusión, si se concreta, redefiniría el panorama de la belleza, creando un grupo con una plantilla de 70.000 empleados y un portfolio de más de 35 marcas premium, desde Carolina Herrera y Rabanne hasta MAC y La Mer.

El reparto del poder, sin embargo, se antoja complicado. La existencia de acciones dobles A y B en ambas empresas, que otorgan un mayor derecho de voto a los propietarios, complica la negociación y podría resultar en una lucha por el control. La trama, con sus ramificaciones políticas y financieras, es tan densa que recuerda a una novela de espías, donde la belleza y el poder se entrelazan de forma inextricable.