Openai urge a un nuevo pacto social ante la inminente superinteligencia artificial
Sam Altman, CEO de OpenAI, ha lanzado una advertencia contundente: la superinteligencia artificial, tan cercana como para ser casi tangible, exige un replanteamiento radical de nuestro sistema social. Su propuesta, plasmada en un informe de 13 páginas, no es una mera sugerencia, sino un llamado a la acción con la magnitud de un New Deal para la era digital.
nUn futuro con dividendos y voz para el pueblo
nEl plan, titulado ‘Política industrial para la era de la inteligencia: ideas para priorizar a las personas’, propone medidas audaces: la participación de los trabajadores en la implementación de la IA, la distribución directa de los beneficios tecnológicos a través de un Fondo Público de Riqueza y, sorprendentemente, una subida de impuestos para las empresas tecnológicas. Altman no se anda con rodeos: la IA debe ser un derecho universal, equiparándose a la electricidad o internet, derechos fundamentales que deben estar al alcance de todos.
nPero tras esta ambiciosa agenda, se esconde una inquietud palpable. Altman ya define la superinteligencia como sistemas de IA capaces de superar la inteligencia humana, incluso con la ayuda de la propia IA. Y, según sus palabras, el capitalismo tal como lo conocemos “no será suficiente” para afrontar esta revolución tecnológica.
nOpenAI reconoce abiertamente el riesgo de una concentración extrema de la riqueza en manos de unas pocas empresas – como OpenAI misma – y la posibilidad de que los trabajadores no perciban los beneficios de la automatización. En este escenario, el informe advierte que, a menos que las políticas públicas sigan el ritmo del cambio, las redes de seguridad social podrían quedar obsoletas. La compañía ya ha demostrado una tendencia a bloquear iniciativas regulatorias que limiten el desarrollo de la IA, como la Ley de IA de la UE. El análisis de Eryk Salvaggio de la Universidad de Cambridge subraya que OpenAI “ha cooptado el idealismo de la infraestructura pública mientras socava activamente las medidas concretas para lograrla”.
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De anthropic a la competencia global
nEn un contexto de creciente tensión en el mercado laboral - con una caída en la demanda de graduados de escuelas de negocios de élite – la publicación de este manifiesto de política industrial representa una jugada de relaciones públicas de gran calibre. OpenAI busca posicionarse como un líder responsable, apelando a ambos lados del espectro político. Sin embargo, la estrategia también es una clara señal de que la compañía está percibiendo una creciente rivalidad con Anthropic, que ha adoptado una postura más crítica con respecto a los límites de la IA.
nEl informe contempla la creación del Fondo Público de Riqueza, un mecanismo para distribuir directamente los beneficios de la IA entre los ciudadanos, incluyendo a aquellos que no participan en los mercados financieros. También propone un sistema de red de seguridad automática, con prestaciones de desempleo ampliadas, seguros de salarios y pagos directos en efectivo, activados cuando los indicadores de desempleo tecnológico superen ciertos umbrales. Además, se plantea la implementación de “impuestos relacionados con el trabajo automatizado”, con el objetivo de desplazar la base fiscal de los salarios a las ganancias de capital y los beneficios corporativos. Y, quizás la propuesta más llamativa, una semana laboral de 32 horas, con cuatro días de trabajo y sin pérdida de salario, convertible en tiempo libre acumulable remunerado.
nOpenAI no se limita a estas medidas. Aboga por tratar el acceso a la IA como un derecho fundamental, comparable a los esfuerzos de alfabetización global o la expansión de la electrificación y la conectividad a zonas remotas. Chris Lehane, director de asuntos globales de OpenAI, insiste en que el debate político en torno a la IA
