Meta apuesta fuerte por el gas: ¿un freno a su promesa climática?
En una jugada que levanta ampollas, Meta, la gigante tecnológica detrás de Facebook e Instagram, ha anunciado una inversión multimillonaria en la construcción de siete nuevas plantas de gas natural en Luisiana. El objetivo: alimentar Hyperion, su centro de datos más ambicioso, en plena escalada por la inteligencia artificial. ¿Significa esto un retroceso en su compromiso con la sostenibilidad?

El auge de hyperion y su sed insaciable de energía
Hyperion, el recién nacido gigante de Meta, promete revolucionar sus servicios, pero su demanda energética es colosal. Para cubrirla, la compañía ha cerrado un acuerdo con Entergy Corp. que implica la construcción de plantas de gas natural con una capacidad total de 5,2 gigavatios, además de 240 millas de líneas de transmisión y sistemas de almacenamiento de energía. La inversión, que Meta ha mantenido en secreto, se suma a un contexto de creciente preocupación por el impacto ambiental de la inteligencia artificial.
Pero hay un detalle que agrava la situación: esta expansión se produce en un momento de intensa presión sobre las grandes tecnológicas por parte de consumidores y grupos ecologistas. El aumento del consumo energético, directamente ligado al desarrollo de infraestructuras de IA, amenaza con disparar los precios de la electricidad para todos.
El presidente Trump, consciente de la creciente indignación, ha instado a las empresas a asumir los costes de su propio suministro eléctrico, buscando evitar que los consumidores asuman la carga. Entergy, por su parte, asegura que el acuerdo con Meta “garantiza que Meta asuma el coste íntegro del servicio”, prometiendo un ahorro de más de 2.000 millones de dólares a lo largo de 20 años para otros clientes. Una cifra que, sin embargo, no disipa las dudas sobre las consecuencias a largo plazo.
La paradoja es evidente: Meta, una empresa que se presenta como líder en innovación y sostenibilidad, se aferra a los combustibles fósiles para alimentar su apuesta por la IA. La compañía se ha negado a revelar la magnitud total de su inversión, ni a aclarar cómo este acuerdo se alinea con sus compromisos climáticos. El silencio de Meta es ensordecedor.
El acuerdo con Entergy pone de manifiesto una realidad incómoda: la carrera por la inteligencia artificial está impulsando una mayor dependencia de los combustibles fósiles, con consecuencias potencialmente devastadoras para el medio ambiente. La promesa de un futuro tecnológico brillante se ve empañada por la sombra de un pasado contaminante.
La cifra habla por sí sola: Meta está apostando por el gas natural para alimentar su futuro. La pregunta ahora es si el mundo puede permitírselo.
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