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La ia en el trabajo: ¿un éxito o un fracaso? el error que todos cometemos

Cada vez más empresas apostan por la inteligencia artificial, pero la adopción suele ser un camino de frustración. ¿Por qué?

La expectativa desmedida: el principal escollo de la ia

La expectativa desmedida: el principal escollo de la ia

Tom Hewitson, experto en IA aplicada al ámbito laboral, revela un patrón preocupante: la gente llega a las herramientas de IA con una visión simplista de sus capacidades. Tras años formando a profesionales, Hewitson ha observado que la frustración inicial es la norma.

El problema no reside en la complejidad técnica de la IA, sino en la comprensión de cómo utilizarla. Muchos usuarios asumen que la herramienta ofrecerá respuestas perfectas de forma automática. Cuando la realidad difiere, la reacción suele ser rápida: o se aceptan los resultados sin cuestionarlos, o se descarta la tecnología por completo. Ambas posturas revelan una confusión subyacente: la creencia de que la IA generativa y los chatbots son sistemas autónomos que resuelven problemas por sí solos.

La clave, según Hewitson, reside en la interacción. Los que obtienen mejores resultados no siempre son los más conocedores, sino aquellos que experimentan con diferentes enfoques y analizan cómo mejorar los resultados. Reformular las preguntas, probar distintos métodos y revisar las respuestas generadas son prácticas que permiten comprender mejor cómo guiar el sistema.

La experiencia de Hewitson pone de manifiesto un cambio en el mercado laboral: la habilidad para trabajar con aplicaciones de IA se está convirtiendo en una competencia cada vez más relevante. Aquellos que saben interactuar con estos sistemas pueden agilizar tareas y descubrir nuevas soluciones. Quienes esperan resultados automáticos se quedan con una visión limitada.

“La inteligencia artificial no es una máquina que piense por nosotros. Es una herramienta que puede ampliar nuestras capacidades cuando se utiliza con curiosidad y criterio”, afirma Hewitson. La verdadera revolución no es la tecnología en sí, sino la forma en que la integramos en nuestro trabajo. Y eso requiere un cambio de mentalidad.

La cifra habla por sí sola: un reciente estudio revela que el 70% de las empresas que implementan IA no alcanzan el retorno de la inversión esperado. La clave no está en la tecnología, sino en la capacitación y la adaptación. La IA no es una solución mágica, sino un catalizador que requiere esfuerzo y un nuevo enfoque del trabajo.

La capacidad de discernir entre lo que la IA puede ofrecer y sus limitaciones será la habilidad más valorada en el futuro.

El verdadero desafío no es si la IA nos reemplazará, sino si nosotros nos adaptaremos a ella.