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La ia: apenas hemos visto el 15% de su poder, advierte schmidt

Eric Schmidt, el visionario ex CEO de Google, ha lanzado una advertencia contundente en la Abundance Summit 2026: la inteligencia artificial, a pesar de su rápido avance, está lejos de alcanzar su potencial real. Lo que percibimos como una revolución tecnológica, según Schmidt, representa apenas un 15% de lo que esta Tecnología es capaz de lograr, sembrando dudas sobre el futuro y la preparación de la humanidad para lo que está por venir.

El software lidera la carrera, dejando atrás al hardware

Si bien ChatGPT, Gemini y otros modelos de lenguaje han capturado la atención del público, Schmidt subraya que el verdadero motor del progreso reside en el software, en la nube y en la capacidad de cómputo, superando con creces la evolución del hardware físico. Esta disparidad explica la proliferación de asistentes virtuales que nos facilitan el trabajo, en contraste con la escasez de robots físicos tan esperados. Hoy, lo que tenemos son sistemas de razonamiento que operan como verdaderas extensiones de nuestras capacidades cognitivas, no meras máquinas ejecutoras de órdenes.

Superación recursiva: ¿el punto de inflexión hacia lo desconocido?

Superación recursiva: ¿el punto de inflexión hacia lo desconocido?

El ex CEO de Google no se esconde ante la posibilidad de escenarios extremos. La llamada “superación recursiva”, donde la IA aprende de sí misma, aún no se ha materializado, pero Schmidt la considera el catalizador de una aceleración exponencial. Aunque la ciencia actual aún no permite predecir con total certeza la forma que tomará esta evolución, el riesgo es palpable: desde amenazas biológicas hasta ataques orquestados por agentes de IA descontrolados. La posibilidad de una catástrofe menor, paradójicamente, podría servir como un despertar colectivo, impulsando a los gobiernos a establecer una regulación global.

La urgencia de una gobernanza ética: ¿quién controla a la ia?

La urgencia de una gobernanza ética: ¿quién controla a la ia?

Schmidt aboga por un enfoque proactivo, no reactivo. En lugar de frenar el avance tecnológico, propone canalizarlo hacia valores humanos, evitando su uso para la manipulación masiva, la vigilancia indiscriminada o la automatización de conflictos. Su propuesta es audaz: reunir a las mentes más brillantes en política, historia, psicología, gobernanza y ética para garantizar que la IA se desarrolle en armonía con la humanidad. No se trata de prohibir, sino de moldear su trayectoria, anticipando sus efectos y asegurando que no termine por dominar a quienes la crearon. La pregunta clave, según Schmidt, no es si usaremos la IA, sino cómo la usaremos sin que, en el proceso, nos utilice a nosotros.

Jona van Loenen, economista, ha expresado una visión contundente: aquellos que poseen habilidades manuales serán los ricos del futuro, una advertencia que resalta la necesidad de adaptación y la potencial disrupción económica que la IA traerá consigo. La revolución tecnológica ha comenzado, y el futuro, aunque incierto, exige un compromiso global para asegurar que la inteligencia artificial sirva al progreso humano, y no a su extinción.