Jet fuel al rojo vivo: la guerra iraní desata una crisis energética global

La escalada del conflicto en Irán ha detonado una tormenta perfecta en los mercados energéticos, amenazando con desestabilizar la economía mundial y exponiendo la fragilidad de las cadenas de suministro. La situación, lejos de ser predecible, se complica con cada nueva jornada de hostilidades.

El precio del combustible en la mira

El precio del combustible en la mira

El principal foco de preocupación radica en el queroseno, o Jet Fuel, el combustible vital para la aviación comercial, cuya producción se ve amenazada. La Asociación Internacional de la Energía (AIE) ya advirtió sobre un posible vacío de suministro para finales de mayo. Pero la realidad, según los operadores, es mucho más alarmante.

Los mercados financieros, en apariencia, no reflejan la gravedad de la situación. Los precios de las materias primas se mantienen en niveles que esconden una realidad palpable: el riesgo geopolítico se ha disparado. La prima física del petróleo, ya elevada por la incertidumbre, se ve exacerbada por el temor a ataques a barcos en el Estrecho de Ormuz y la pérdida de una valiosa carga. Se cotizan contratos de entrega física a 150 dólares, una señal inequívoca del desajuste entre la oferta y la demanda.

La AIE, con una frialdad que no disipa la inquietud, señala la existencia de contratos de petróleo al contado que alcanzan los 150 dólares, un reflejo directo del riesgo que se ha instalado en el mercado. El cierre del Estrecho de Ormuz, una amenaza latente que se materializa en la desconfianza de los inversores, se cierne sobre todo.

La semana pasada, la declaración de bloqueo naval por parte de Estados Unidos y el primer ataque documentado a un carguero iraní marcaron un punto de inflexión. La ruta iraní, que había evitado el bloqueo gracias a pagos en criptomonedas a la Guardia Revolucionaria, se ha visto interrumpida. Solo decenas de buques han logrado cruzar, según el escrutinio de agencias internacionales como Reuters, Bloomberg y Kpler.

Las refinerías de combustibles en China e India se ven obligadas a reducir su producción, impulsando los precios del diésel a nivel global y elevando el coste del Jet Fuel hasta niveles alarmantes: cerca de 210 dólares en Asia, 200 dólares en Oriente Medio y 190 dólares en Europa. En contraste, Norteamérica mantiene una cotización más favorable, con 166 dólares por barril, un 25% menos que en otras regiones. Un dato que, sin embargo, no calma la tormenta.

El incremento es considerable, un 140% más que el año pasado en fechas similares. La situación se agrava aún más por la guerra en Ucrania y las sanciones impuestas a Rusia, que ya generaron un impacto significativo en 2022. Ahora, la diferencia es que los operadores pueden negociar contratos que podrían verse incumplidos, una premisa aterradora que la AIE había anticipado.

El cierre del Estrecho de Ormuz no es una amenaza abstracta; es una realidad que se plasma en precios que superan con creces los niveles de 2022. Una situación que, lejos de ser inevitable, representa un riesgo tangible para la aviación comercial y la estabilidad económica global. La guerra ha demostrado que, en el mercado energético, la geopolítica es tan crucial como la oferta y la demanda.