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Ia: del enamoramiento al sufrimiento, wall street en alerta

La luna de miel con la inteligencia artificial puede haber terminado. Ya no se trata de experimentos, sino de resultados, y el mercado está empezando a reaccionar con cautela, mientras la guerra en Oriente Medio y la subida de tipos de interés ponen de manifiesto los desafíos energéticos y financieros que acechan al sector.

El giro de ana botín: de pilotos a resultados

La presidenta de Banco Santander, Ana Botín, lo dejó claro la semana pasada: la IA ha superado la fase de pruebas. Ahora, la pregunta es si las empresas pueden traducir su potencial en beneficios tangibles y modelos de negocio sólidos. La declaración, lejos de ser una simple observación, se alinea con una creciente desconfianza en la capacidad de la IA para cumplir las expectativas vertiginosas que se le habían asignado.

Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, advierte que los problemas a corto plazo podrían eclipsar las enormes oportunidades que la IA ofrece a largo plazo, desde la cura del cáncer hasta una reducción drástica de la jornada laboral. Sin embargo, subraya la necesidad de abordar los “efectos secundarios” de esta disrupción tecnológica, especialmente su impacto en el empleo, temiendo que el malestar social derive en una “revolución” de carácter civil.

Spacex y el escrutinio de wall street

Spacex y el escrutinio de wall street

La reciente solicitud de SpaceX para cotizar en bolsa, un movimiento impulsado por Elon Musk, ha sacudido a Wall Street. No se trata solo de la mayor operación bursátil de la historia, sino de la primera con una valoración que podría alcanzar los billones de dólares. El escrutinio del mercado será implacable, y las métricas estratosféricas presentadas hasta ahora se enfrentarán a la dura realidad de los inversores.

El cambio de rumbo es palpable. OpenAi, el creador de ChatGPT, ya no es el unicornio más codiciado del sector. Anthropic, con su modelo Claude, y SpaceX, ahora dueña de Grok y xAi, han ganado terreno. Incluso Sam Altman, el visionario fundador de OpenAi, ha visto cómo los inversores replantean sus cheques en blanco, pese a la reciente ronda de inversión de 122.000 millones de dólares – una cifra que, cabe señalar, corresponde a una operación prevista para 2025.

La realidad golpea a los gigantes tecnológicos

La realidad golpea a los gigantes tecnológicos

OpenAi ha renunciado a centros de datos que construían algunos de sus socios, como Oracle. Nvidia, el proveedor clave de chips para la IA, ha limitado su inversión en OpenAi, al igual que Microsoft, su primer gran inversor. Incluso Amazon, ahora socio de Altman, ha establecido condiciones estrictas para inyectar capital adicional: salida a bolsa o desarrollo de la “superinteligencia artificial” antes de 2028.

La guerra en Irán ha añadido una capa de complejidad a la ecuación. El aumento del coste energético, exacerbado por la crisis en el Estrecho de Ormuz, ha puesto a las empresas de infraestructuras, encargadas de operar los centros de datos, en una situación delicada. A esto se suma el aumento de los costes de financiación, impulsado por la inflación energética y las políticas de los bancos centrales.

La rentabilidad ya no es un lujo, sino una necesidad. Anthropic, por ejemplo, fluctúa entre ofrecer tokens extra a sus usuarios y limitarlos, sin una justificación clara. El crecimiento del negocio debe ir de la mano de la rentabilidad, incluso para la IA.

Como diría Mike Tyson: “Todo el mundo tiene planes hasta que recibe el primer puñetazo”. La inteligencia artificial, al igual que cualquier otra ambición, se enfrenta ahora a la cruda realidad del mercado y a los desafíos de un mundo en constante cambio.