Ia auto-modificable: el nuevo rumbo de openai, google y anthropic

La inteligencia artificial está dando un giro radical. Ya no se trata solo de crear máquinas que respondan preguntas o generen texto, sino de desarrollar sistemas capaces de reescribir su propio código, una revolución que podría acelerar exponencialmente su evolución – y generar serias interrogantes éticas.

El código que se crea a sí mismo

El código que se crea a sí mismo

Según el experto en IA, Andrew Ng, la comunidad tecnológica ha adoptado una nueva estrategia: la auto-recursividad. La empresa Anthropic ha puesto de manifiesto esta tendencia con su modelo Claude, donde ya el 80% del código informático se genera de forma autónoma por la propia IA. Esta no es una simple herramienta de asistencia, sino un agente capaz de modificar, corregir y mejorar su arquitectura sin intervención humana.

OpenAI, liderada por Sam Altman, también está explorando este camino. Altman confirma que sus modelos de lenguaje generan porcentajes similares de código interno, llegando incluso a la capacidad de abrir la consola de comandos, verificar la funcionalidad en tiempo real y realizar cambios por sí mismos. Una capacidad que, según él, podría llevar a “el fin del mundo… mientras tanto, surgirán grandes empresas”.

Pero este avance no es una simple optimización. El concepto, originalmente planteado en 1965 por el matemático I. J. Good, de una “explosión de inteligencia” – un bucle de mejora continua donde la IA supera a sus creadores – se está volviendo tangible. Demis Hassabis, CEO de Google DeepMind, estima que la AGI podría alcanzarse alrededor de 2030, incluso sugiriendo una posibilidad de 2029.

La verdad es que, a pesar de los anuncios, la realidad actual se sitúa mucho más lejos. Los modelos de lenguaje pueden crear pequeños bucles de retroalimentación – una IA escribe un código, otra lo prueba, una tercera lo corrige – pero la capacidad de una IA para diseñar y construir una IA completamente nueva y autónoma sigue siendo una aspiración lejana.

La presión por demostrar avances tangibles es palpable. Las compañías dedicadas a la IA necesitan convencer a los inversores de que están a la vanguardia de la Tecnología, pero la realidad es que, en gran medida, se trata de marketing. Los recursos computacionales y energéticos necesarios para una mejora genuina y sin límites son astronómicos – y actualmente inalcanzables.

En definitiva, si bien el progreso es innegable, es crucial mantener una perspectiva crítica. La IA no se está reprogramando a sí misma de forma autónoma en el sentido estricto de la palabra. Actúa como un asistente formidable, pero el salto hacia un sistema que decida de manera independiente cómo crear una IA nueva es un desafío monumental.