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Guerra en irán: el estrecho de ormuz en alerta y la apuesta de eeuu

La guerra entre Irán y sus adversarios ha provocado una crisis abrupta en el suministro global de petróleo y gas, con el Estrecho de Ormuz como epicentro. El bloqueo naval, impulsado por el temor a ataques, ha reducido el flujo de hidrocarburos a casi cero, elevando los precios a niveles que amenazan la economía mundial.

Eeuu, el principal beneficiario de un escenario geopolítico convulso

Eeuu, el principal beneficiario de un escenario geopolítico convulso

La escalada en Oriente Medio ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de la cadena de suministro energético global, especialmente para países altamente dependientes de las importaciones. Según datos de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), Estados Unidos se ha consolidado como un actor clave en el mercado energético internacional. Si bien el país ha superado a Rusia en producción de gas natural, su capacidad exportadora de petróleo, que se sitúa en 10,7 millones de barriles diarios, lo convierte en un exportador neto desde 2020.

Pero la verdadera ventaja de Estados Unidos reside en su geografía y su posición como proveedor de referencia para Europa y España, gracias a su capacidad de exportar crudo ligero. A diferencia de otros países, las exportaciones estadounidenses no dependen del Estrecho de Ormuz. Además, la producción de petróleo en Arabia Saudí, el principal productor del mundo, se concentra en la región del Golfo Pérsico, expuesta al riesgo de los ataques iraníes.

Arabia Saudí, a pesar de contar con uno de los crudos más baratos del planeta, ve amenazada su capacidad exportadora. Sin embargo, la monarquía saudí ha invertido durante años en una infraestructura para transportar crudo hacia el Mar Rojo, una ruta alternativa que la distancia del conflicto. Esta infraestructura le permite mantener la producción y exportación sin interrupciones, poniéndola en una posición estratégica única.

La combinación de la crisis en el Estrecho de Ormuz y las sanciones a Rusia ha alterado el equilibrio del poder en el mercado energético. EEUU y Rusia, juntos, controlan ahora hasta el 35% de las exportaciones mundiales de petróleo y gas. Si Arabia Saudí logra mantener sus exportaciones por el Mar Rojo, su dominio conjunto podría ascender al 50%. Esta situación redefine el panorama energético global, con consecuencias que van más allá de los precios del combustible.

El impacto se siente en toda Europa y Asia, con precios del gas natural que han escalado un 61% en cuatro semanas y del petróleo Brent en un 16%. Arabia Saudí, por su parte, ha aprovechado la oportunidad para aumentar sus exportaciones hacia Asia, consolidando su posición como proveedor clave.

La crisis en el Estrecho de Ormuz no solo ha afectado al suministro, sino que también ha puesto de manifiesto la fragilidad de la dependencia energética de muchos países. La apuesta de Estados Unidos por su propia producción y su rol como proveedor estratégico se ha visto reforzada por un escenario geopolítico incierto. Un escenario donde la capacidad de adaptación y la diversificación de fuentes de energía se antojan más importantes que nunca.