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Fmi lanza la alarma: el mundo no está preparado para otra crisis

La economía global se tambalea al borde del precipicio. Así lo advierte Kristalina Georgieva, directora del Fondo Monetario Internacional, quien ha alertado que el ataque a Irán ha precipitado una revisión a la baja de las previsiones de crecimiento mundial y ha expuesto una fragilidad preocupante: el mundo, simplemente, no está listo para enfrentar otra recesión.

La sombra de la guerra y la inflación desbocada

Si a principios de año el FMI mostraba cierta optimismo, anticipando un crecimiento del 3,3% para 2024, la realidad ha golpeado con fuerza. La escalada de tensiones en Oriente Medio, tras el reciente ataque estadounidense-israelí a Irán, ha puesto en jaque los mercados energéticos y ha avivado el temor a una crisis de suministro. Georgieva reconoce que, antes del incidente, se estaban revisando las previsiones al alza; ahora, la tendencia es diametralmente opuesta.

La interrupción de los envíos de petróleo y gas desde la región del Golfo, un área vital para la economía mundial, ha provocado lo que la directora del FMI describe como una “crisis negativa en la oferta”, lo que se traduce en precios al alza. Y aquí reside la paradoja: mientras los bancos centrales luchan contra la inflación, se enfrentan al desafío de no estrangular el crecimiento económico. Un delicado equilibrio que, según Georgieva, requiere una “extrema cautela” en las decisiones políticas.

Pero la amenaza no se limita a la energía. La guerra ha impactado también en los mercados de fertilizantes, lo que agrava la inseguridad alimentaria a nivel global. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU ya ha advertido que casi 45 millones de personas podrían caer en una situación de inseguridad alimentaria aguda si el conflicto persiste y los precios del petróleo se mantienen elevados.

Deudas, reservas y la cooperación internacional en entredicho

Deudas, reservas y la cooperación internacional en entredicho

Lo que preocupa especialmente a Georgieva es la falta de margen de maniobra que tienen los gobiernos para responder a esta nueva crisis. Muchos países, aún arrastrando el lastre de la deuda acumulada durante la pandemia, han sido reacios a implementar medidas significativas para fortalecer sus economías. Además, las tensiones geopolíticas han dificultado la cooperación internacional, un elemento clave para afrontar emergencias a gran escala.

La cifra habla por sí sola: el crudo Brent se cotiza a unos 110 dólares el barril, un aumento considerable respecto al precio de 70 dólares previo a la escalada del conflicto. Esta subida, que se refleja en los precios de los combustibles y en el coste de la vida, golpea especialmente a los países importadores de energía y a aquellos con escasas reservas fiscales.

La advertencia de Georgieva es clara: los gobiernos deben prepararse para “lo peor”. Y evitar, al mismo tiempo, medidas contraproducentes como las restricciones a la exportación de productos básicos, que solo agravarían la situación. El presidente estadounidense, Donald Trump, con sus amenazas de una escalada masiva si Irán no desbloquea los envíos, no hace más que añadir incertidumbre a un panorama ya de por sí complejo.

En definitiva, se avecina un periodo de turbulencia económica. Los importadores de energía, los países con poca capacidad fiscal y aquellos que dependen de la energía del Golfo serán los más afectados. La clave, según Georgieva, reside en la prudencia, la cooperación y la implementación de políticas que fortalezcan la resiliencia económica a largo plazo. Porque, como bien ha señalado la directora del FMI, “vivimos en un mundo más incierto y propenso a las crisis”.