El mundo al borde: la guerra en irán desata una carrera nuclear

La sombra de la aniquilación nuclear se cierne sobre el planeta. La escalada de tensiones en Irán, unida a las impredecibles decisiones de Donald Trump, ha reavivado el temor a una nueva Guerra Fría y ha puesto en marcha una peligrosa carrera armamentística en Europa y Asia.

La seguridad nacional, excusa para el armamento atómico

Lo que comenzó como una respuesta a las amenazas de Irán se ha transformado en un debate sobre la necesidad de adquirir armas nucleares como elemento disuasorio. Países como Alemania y Polonia, tradicionalmente protegidos por el paraguas nuclear estadounidense, han mostrado una creciente disposición a explorar opciones alternativas, impulsadas por las declaraciones erráticas de Trump sobre Groenlandia y su amenaza de reanudar las pruebas de bombas atómicas.

Pero no es solo Occidente el que se mueve. China y Rusia han alertado sobre el riesgo de proliferación en Japón y Corea del Sur, mientras que Estados Unidos se enfrenta a un dilema: presionar a Irán para evitar que alcance la capacidad nuclear, o arriesgarse a un conflicto devastador.

El Tratado sobre la No Proliferación de Armas Nucleares, un pilar fundamental del orden internacional desde la Guerra Fría, se tambalea. Los acuerdos de 1987 entre Reagan y Gorbachov, que eliminaron los misiles de alcance intermedio, y el Nuevo START, que redujeron drásticamente los arsenales, parecen ahora reliquias de un pasado que se desvanece.

La cifra habla por sí sola: tan solo 25 kilogramos de uranio altamente enriquecido o 8 kilogramos de plutonio son suficientes para fabricar un arma capaz de destruir una ciudad. Una realidad que preocupa a expertos como Rafael Mariano Grossi, director general del Organismo Internacional de Energía Atómica, quien advierte que “un mayor número de armas nucleares en más países no hará que el mundo sea más seguro, sino todo lo contrario”.

Un escenario desolador: ¿reacción en cadena nuclear?

Un escenario desolador: ¿reacción en cadena nuclear?

El temor a una “cascada de proliferación” en Oriente Medio y Asia Oriental es palpable. La decisión estadounidense-israelí de atacar a Irán, con el riesgo de una intervención militar a gran escala, ha exacerbado las tensiones y ha puesto en alerta a la comunidad internacional. La administración de Trump, que prometió evitar una guerra nuclear, parece estar jugando con fuego.

Pero la situación es aún más compleja cuando se analiza la inconsistencia de la política estadounidense. Mientras adopta una postura intransigente con Irán, el gobierno ha propuesto compartir Tecnología nuclear sensible con Arabia Saudita, incluyendo la cooperación en el enriquecimiento de uranio. Una medida que, según expertos en no proliferación, es “hipócrita” y podría desestabilizar aún más la región.

La confianza en washington se desmorona

La confianza en washington se desmorona

La confianza en Estados Unidos como garante de la seguridad global se ha erosionado, especialmente en Corea del Sur y Japón. La expansión de los arsenales nucleares en la región y las amenazas de Trump de retirar el apoyo militar han alimentado un sentimiento favorable a la adquisición de capacidad nuclear propia. Incluso en Japón, donde los bombardeos atómicos de Hiroshima y Nagasaki marcaron una tragedia imborrable, el debate sobre la necesidad de un armamento nuclear ha resurgido.

En Europa, Emmanuel Macron ha anunciado una ampliación del papel nuclear de Francia, mientras que el primer ministro polaco, Donald Tusk, ha expresado su intención de buscar armas nucleares. El Reino Unido, por su parte, considera reactivar la fabricación nacional de misiles nucleares. La línea que separa la disuasión de la escalada es cada vez más delgada.

El escenario global se asemeja a una partida de ajedrez peligroso, donde cada movimiento puede desencadenar una catástrofe. Como advierte Jeffrey Lewis, director del Programa de No Proliferación de Asia Oriental, “el espíritu de la época es mucho más favorable al armamento nuclear ahora que nunca”. El mundo observa con pavor mientras la posibilidad de un conflicto nuclear se convierte en una amenaza real.