El email, casi un fantasma: el 87% ya es automatizado

La bandeja de entrada, ese lugar que todos revisamos con cierta ansiedad, está siendo secuestrada por máquinas. Un nuevo informe de Hostinger revela que el correo electrónico, esa herramienta que creíamos tan personal, se ha transformado en una infraestructura dominada por la automatización, con consecuencias directas para la comunicación empresarial.

La silenciosa revolución de los emails generados por ia

Según el análisis de mil millones de correos electrónicos procesados en un solo mes, la cifra es asombrosa: solo el 13% del tráfico de emails es generado por personas. El resto, un abrumador 87%, proviene de sistemas automatizados. Edgaras Lukosevicius, Engineering Manager de Hostinger, lo resume: “El correo electrónico se ha convertido silenciosamente en una infraestructura, con la mayor parte de su tráfico ya automatizado”.

Pero la historia no termina ahí. De esos emails generados, más de la mitad (56%) no llegan siquiera a la bandeja de entrada del destinatario, bloqueados por los filtros de seguridad como sospechosos o maliciosos. El phishing, el malware y las redes de bots son los principales culpables, responsables del 34% de estos bloqueos. El marketing agresivo y los problemas de configuración de dominios también contribuyen a este creciente problema.

¿Qué está pasando con la comunicación empresarial?

¿Qué está pasando con la comunicación empresarial?

Las empresas, en su afán por optimizar campañas y llegar a sus clientes, se enfrentan a un callejón sin salida. El engagement, ese vínculo vital entre marca y consumidor, se erosiona a medida que la bandeja de entrada se convierte en un vertedero de notificaciones, promociones y alertas. La cifra habla por sí sola: el 34% de los correos son rechazados por una mala reputación del remitente. La optimización de métricas como clics y aperturas, que antaño eran la piedra angular de la estrategia de email marketing, pierden su valor real.

Los proveedores de correo personal y los emisores de bajo volumen (aquellos que sí implican intervención humana directa) representan apenas el 30% de los correos recibidos, un dato que subraya la magnitud del problema. Y lo que es peor, Lukosevicius advierte: “Las empresas siguen optimizando métricas que ya no reflejan la realidad del canal. La cuestión no es si el usuario abre el email, sino si sigue queriendo recibirlo”. Se avecina una reevaluación radical de las estrategias de comunicación, o el correo electrónico, tal como lo conocemos, podría caer en la obsolescencia.