Digi retrasa su salida a bolsa: la guerra en oriente medio pone en jaque su ambición española
Más de 10,8 millones de clientes, una red de fibra propia en expansión y la promesa de revolucionar el mercado español. DIGI, la operadora rumana, se enfrentaba a un futuro brillante, hasta que el conflicto en Oriente Medio le obligó a replantear sus planes. La cuenta atrás para su entrada en el mercado bursátil se detiene ahora en mayo, un retraso que podría tener consecuencias significativas para su estrategia en España y Europa.

Un proyecto en riesgo
La operadora, que apostaba por 2026 como fecha clave, ha decidido posponer su salida a Bolsa hasta que el mercado se estabilice. La situación económica actual, marcada por la incertidumbre tras la guerra en Irán, ha provocado un desplome en los valores que ha hecho que DIGI, con un valor potencial entre 2.000 y 2.400 millones de euros, reconsiderara su estrategia. La división española de la compañía, considerada una de sus piezas más valiosas, se ve ahora sumida en una profunda reflexión.
La decisión, tomada tras la intervención de la asesora financiera Rothschild, llega en un momento crucial. Los inversores, atraídos inicialmente por la promesa de crecimiento de DIGI, han visto cómo la volatilidad del mercado les impide tomar decisiones. Barclays, Santander y UBS, los bancos encargados de coordinar la operación, han confirmado que la fecha de estreno bursátil se pospone hasta el 14 de mayo, dejando la puerta abierta a una nueva reevaluación.
Pero el problema no es solo la inestabilidad del mercado. DIGI también se debate con el “churn”, la fuga de clientes, lo que pone en duda la viabilidad a largo plazo de su ambicioso proyecto en España. La compañía, que había renunciado a su distintivo logo azul, símbolo de su identidad, se enfrenta a un desafío enorme: demostrar que puede mantener su liderazgo en un entorno cada vez más competitivo.
La salida a Bolsa era clave para seguir expandiendo su red de fibra y, sobre todo, para liberarse de la dependencia de la red alquilada a Telefónica. Ahora, la incertidumbre económica ha puesto en peligro esa ambición. DIGI ha optado por la prudencia, pero el tiempo apremia. El futuro de la operadora rumana en España, y en Europa, pende de un hilo.
