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Alarma en washington: gobiernos se lanzan a frenar la ia con leyes restrictivas

La carrera por controlar la inteligencia artificial ha entrado en una fase agresiva. Estados Unidos acaba de promulgar una nueva orden ejecutiva para limitar los modelos de lenguaje más potentes, un movimiento que, según expertos, podría ser una reacción desproporcionada y contraproducente.

El temor a los

El temor a los 'job apocalypses' y la injerencia de los lobbistas

Andrew Ng, fundador de DeepLearning.AI y una de las voces más influyentes en el sector, reconoce la lógica detrás de la medida, aunque advierte que el texto final ha sido suavizado gracias a la intervención de asesores que lograron contener la presión de los grandes lobbies. El problema no reside en la ley en sí, sino en la tendencia de los políticos a regular con miedo, ante escenarios apocalípticos que, según algunos, se promueven activamente.

Yann LeCun, jefe científico de Meta y uno de los padres de la IA moderna, comparte esta visión. Considera que los alarmistas que predicen la extinción de la humanidad se comportan como sectas, aferrados a un mito de creación y control. El 'doomerismo' de la IA, según LeCun, se caracteriza por la omnisciencia, el conocimiento exclusivo para unos pocos y la certeza de un apocalipsis inminente.

El foco de atención se centra ahora en Mythos, la IA desarrollada por Anthropic, una herramienta que ha revolucionado la forma en que se detectan vulnerabilidades en el código de programación de manera automática. Si bien esta capacidad es una noticia positiva a largo plazo –acelerando la corrección de errores en sistemas–, su potencial para ser explotada por atacantes o gobiernos representa un riesgo considerable. Torsten Sløk, economista, argumenta que las evidencias de destrucción de empleos por parte de la IA son inexistentes.

Ante esta situación, la administración de Joe Biden ha solicitado a las grandes empresas de IA que compartan públicamente sus avances en ciberseguridad, una medida voluntaria que, según Ng, podría ser insuficiente. La metáfora que utiliza el experto es reveladora: “Desafortunadamente, siempre que existen riesgos legítimos, también existe la tentación de sobrerregular. Tomemos como ejemplo las empresas que se dedican a trenzar el cabello”. La regulación excesiva, como en el caso de las empresas de estilismo, podría asfixiar a los desarrolladores independientes y al software libre.

Ng afirma que la preocupación por la ciberseguridad es real, pero la respuesta de los gobiernos no debe ser la imposición de licencias, patentes y permisos burocráticos que obstaculicen el desarrollo. Esta ley, en realidad, estaría sirviendo para proteger los intereses de las cuatro empresas líderes del mercado, eliminando la competencia con una excusa legal.

El experto denuncia que gran parte del discurso actual sobre la IA y sus consecuencias catastróficas es una mera justificación para implementar normas sin sentido. El verdadero problema radica en la manipulación de los temores, utilizando la ciberseguridad como pretexto para frenar la innovación. Si un país no comprende la IA que intenta regular, lo mejor es mantenerse al margen, evitando leyes contraproducentes. La solución no es la regulación, sino la educación y la adaptación. Y, sobre todo, no permitir que el miedo dicte el futuro de una tecnología con un potencial inmenso, pero que debe ser guiada con prudencia y, sobre todo, con sentido común. Las empresas de IA no necesitan el control de los gobiernos; necesitan un entorno propicio para innovar y ofrecer soluciones que, en definitiva, beneficien a la sociedad.”n