Pánico energético: el mundo se abastece en la sombra de la guerra

La sombra de la escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán ha desatado una ola de compras compulsivas de combustible a nivel global, desde las gasolineras de India hasta las calles de Santiago de Chile. Lo que comenzó como una preocupación distante se ha materializado en largas colas, bidones improvisados y un mercado negro floreciente, revelando la fragilidad de la seguridad energética mundial.

El estrangulamiento del estrecho de ormuz

El estrangulamiento del estrecho de ormuz

El Estrecho de Ormuz, arteria vital para el transporte de petróleo, se ha convertido en el epicentro de la tensión. Buques petroleros se alinean esperando el paso, mientras los precios del crudo se disparan. La posibilidad de un bloqueo, aunque no confirmado, ha activado protocolos de emergencia en refinerías como la de Chevron Products Company en California, que operan a pleno rendimiento. La cifra habla por sí sola: un 20% más de tráfico en el estrecho en comparación con el año anterior.

Pero hay un detalle que a menudo se pasa por alto: la dependencia del gas natural licuado (GNL). En Srinagar, Cachemira, la espera para recoger bombonas se extiende por horas. Familias enteras, acostumbradas a la tranquilidad, se ven obligadas a racionar el combustible para cocinar y calentar sus hogares. La situación es similar en Guwahati, India, donde los chefs recurren a la leña y el carbón, un retroceso que recuerda tiempos más sombríos.

En Chile, las imágenes de conductores amontonando bidones de gasolina en sus vehículos son un reflejo de la incertidumbre. Una mujer, con la mirada fija en el horizonte, vende cartones de combustible a precios inflados, mientras un agente de policía lucha por mantener el orden en medio del caos. La desesperación se palpa en el aire.

En La Habana, la crisis energética se agrava con los apagones. Un hombre, con ingenio, aprovecha la situación para cargar su teléfono y ventilador con un panel solar, una muestra de la resiliencia humana frente a la adversidad. En Phnom Penh, Camboya, la gasolina se comercializa incluso en botellas, un indicio de la escasez y la informalidad que se cierne sobre el mercado.

Desde Irak, los trabajadores se desplazan por una estación de desgasificación prácticamente a medio gas, testimonio de la reducción drástica de las operaciones en el yacimiento petrolífero de Zubair. Las operaciones se han reducido en un 40%, según fuentes de la compañía estatal. La geopolítica, una vez más, define el destino de millones de personas.

Más allá de las colas y los bidones, la crisis energética pone de manifiesto la necesidad urgente de diversificar las fuentes de energía y reducir la dependencia de los combustibles fósiles. La adaptación, como demuestra el hombre en La Habana, es la clave para sobrevivir en un mundo cada vez más impredecible.

La situación, lejos de mejorar, se agrava con cada nuevo ataque. El Shenlong Suezmax, petrolero de bandera liberiana, llegó a Bombay tras cruzar el Estrecho de Ormuz, cargado con petróleo crudo de Arabia Saudita, un viaje que se ha convertido en un acto de equilibrio entre la esperanza y la amenaza constante.