economia

Rusia: jornadas de 12 horas para sobrevivir a la tormenta económica

Oleg Deripaska, el magnate ruso y fundador de Rusal, ha lanzado una propuesta que ha sacudido el panorama económico del país: jornadas laborales de 12 horas, seis días a la semana. Una medida drástica, según el empresario, necesaria para que Rusia se adapte a una nueva realidad global que considera mucho más restrictiva que las crisis económicas tradicionales.

La crisis va más allá de las tasas de interés

La crisis va más allá de las tasas de interés

Deripaska, en una publicación en Telegram, descarta que la situación actual sea una simple recesión causada por factores monetarios. “Esta crisis es más profunda. Es causada por una transformación difícil: de las oportunidades globales que alguna vez tuvimos a las regionales, con todo tipo de restricciones”, afirma. Para el empresario, la solución pasa por explotar una “característica nacional” rusa: la capacidad de unión y el esfuerzo en tiempos difíciles.

La Economía rusa, que creció un 1% en 2023, una cifra significativamente inferior al 4.3% de 2022, se enfrenta a un contexto geopolítico complejo. Los ingresos provenientes del petróleo y el gas, que históricamente representaban más de un tercio del presupuesto federal, se ven ahora sometidos a una presión considerable debido a las sanciones internacionales y a la reconfiguración de los flujos comerciales.

La reciente escalada de tensiones en el Medio Oriente y las interrupciones en las rutas de suministro de petróleo han provocado un aumento de los precios, que, paradójicamente, no alivian la situación rusa. La cifra habla por sí sola: los futuros del petróleo crudo han subido más del 70% este año, cotizando por encima de los 100 dólares por barril. Pero, como advirtió Deripaska a principios de mes, esta volatilidad podría afectar al crecimiento global —y, por supuesto, al ruso—.

La propuesta de Deripaska, un horario de 8 de la mañana a 8 de la noche, incluyendo los sábados, busca acelerar la adaptación de la Economía rusa a este nuevo escenario. ¿Una medida populista o una respuesta pragmática a la crisis? La respuesta, como suele ocurrir, probablemente se encuentre en algún punto intermedio. Lo que es innegable es que la propuesta pone de manifiesto la urgencia de la situación y la necesidad de buscar soluciones audaces para mantener a flote la Economía rusa.

Pero hay un detalle que no se menciona: el coste humano de esta propuesta. ¿Cómo afectará este nuevo horario a la calidad de vida de los trabajadores rusos? ¿Será realmente sostenible a largo plazo? Estas son preguntas que, más allá de los números y los análisis económicos, merecen una reflexión profunda.

Quizás, en última instancia, la propuesta de Deripaska sea un reflejo de la encrucijada en la que se encuentra Rusia: un país que debe reinventarse a sí mismo en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, dispuesto a sacrificar el bienestar individual en aras de la supervivencia económica.