La jubilación en españa: un mapa de desigualdades territoriales
Mientras el debate sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones se agita, una realidad palpable se impone: la cuantía que recibirán los jubilados en España varía drásticamente según la provincia donde hayan cotizado. No es solo una cuestión de suerte; es el reflejo de décadas de disparidades económicas y laborales que ahora se materializan en las pensiones.
El abismo entre ourense y bizkaia
Los últimos datos de la Seguridad Social, correspondientes a febrero de 2024, revelan una brecha alarmante. La pensión media de jubilación en España se sitúa en torno a los 1.563 euros mensuales tras la revalorización, pero la diferencia entre provincias es considerable. Bizkaia lidera la lista con una pensión media de 1.933,39 euros, mientras que Ourense se hunde en el último puesto con apenas 1.131,24 euros. La diferencia supera los 800 euros, una distancia que pone de manifiesto la profunda desigualdad que persiste en el país.
Pero la historia no termina ahí. Si consideramos la pensión media total (viudedad y orfandad), Ourense cae aún más, rozando los 1.019,24 euros. Esto significa que muchos pensionistas en esta provincia cobran incluso por debajo del salario mínimo interprofesional (SMI), que en 2026 alcanzará los 1.221 euros. El SMI es, por tanto, una barrera que muchos no logran superar, una situación que agrava su situación económica.
La situación se repite en otras provincias del noroeste y suroeste peninsular, como Lugo, Cáceres y Badajoz, donde las pensiones se mantienen sistemáticamente por debajo de la media nacional. Un factor agravante es el perfil demográfico de estas zonas, caracterizado por una población envejecida y una menor tasa de empleo.
Lo que nadie cuenta es que esta disparidad no es un fenómeno reciente. Es la consecuencia directa de las diferencias salariales y las oportunidades laborales que han existido a lo largo del tiempo. Donde hubo carreras profesionales estables y bien remuneradas, las pensiones son más altas. Donde predominó el empleo precario o de baja cualificación, las pensiones reflejan esa realidad, décadas después.

¿Complementos de mínimos o el peso de la contributividad?
Es cierto que el sistema de pensiones cuenta con mecanismos de redistribución, como los complementos de mínimos, los periodos de carencia y las lagunas de cotización. Sin embargo, como señala un estudio de BBVA, estos mecanismos no pueden compensar por completo el peso de la contributividad, que recompensa a aquellos que han realizado mayores cotizaciones. La desigualdad, por tanto, se gesta antes de la jubilación, no en el momento de cobrar la pensión. Los buenos salarios, el empleo estable y las carreras laborales más largas son la clave para una jubilación digna.
El contraste es brutal: mientras que en el País Vasco y Madrid las pensiones superan ampliamente la media nacional, en Ourense, por ejemplo, muchos pensionistas se ven obligados a complementar sus ingresos con trabajos a tiempo parcial o ayudas sociales. La brecha no solo es económica, sino también social y territorial.
La situación exige una reflexión profunda sobre el futuro del sistema de pensiones y la necesidad de implementar políticas que reduzcan las desigualdades y garanticen una jubilación digna para todos los ciudadanos. La revalorización conforme al IPC es un paso importante, pero insuficiente para abordar la raíz del problema: la desigualdad económica estructural que persiste en el mercado laboral español.
La cifra habla por sí sola: más de 800 euros de diferencia entre la pensión más alta y la más baja. Una brecha que se perpetúa con el tiempo y que pone en evidencia la necesidad urgente de actuar.
