La tierra se desacelera: ¿un cambio sísmico para la vida tal como la conocemos?
La rotación de nuestro planeta se ralentiza a un ritmo sin precedentes en los últimos 3,6 millones de años, una realidad que podría alterar drásticamente sistemas de navegación y la propia dinámica del planeta. La NASA y la ESA alertan sobre un cambio que, aunque imperceptible en el día a día, amenaza con desestabilizar la precisión de tecnologías que damos por sentadas.

El cambio climático acelera la pausa terrestre
Investigadores de la Universidad de Viena y ETH Zurich han revelado que el deshielo de los polos, la disminución de las aguas subterráneas y el aumento del nivel del mar están desplazando el eje de rotación terrestre. Estos procesos, impulsados por el calentamiento global, alteran la distribución de la masa del planeta, provocando una disminución gradual de la velocidad de giro.
El ritmo de desaceleración es de 1,33 milisegundos cada 100 años, una cifra que supera las fluctuaciones naturales históricas. Este cambio, aunque lento, se suma a la tendencia de un aumento gradual de la duración de los días terrestres. Según la NASA, para el final del siglo XXI, los reguladores del tiempo planetario deberán ajustarse a esta nueva realidad.
El estudio, basado en el análisis de fósiles de foraminíferos bentónicos (microorganismos marinos que registran la temperatura y el nivel del mar), muestra una aceleración en este proceso en los últimos 3,6 millones de años. La masa de agua se redistribuye hacia el ecuador al derretirse los polos, generando un efecto similar al de un patinador sobre hielo que extiende los brazos para disminuir la velocidad.
Benedikt Soja, investigador involucrado en el estudio, califica este descubrimiento como una prueba tangible de cómo la actividad humana está alterando la dinámica física de la Tierra. El impacto ya se siente en sistemas de navegación como GPS y Galileo, así como en la navegación espacial y las redes financieras.
Pero hay un detalle: la ralentización del planeta no es la única anomalía. Astrónomos han detectado una señal persistente de un