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El atlántico se tiñe de marrón: alerta por un 'desierto oceánico'

Un manto marrón se extiende por el Atlántico, desde la costa de África Occidental hasta el Golfo de México, y no es una ilusión óptica. Se trata de una proliferación masiva de algas que, aunque natural, está alcanzando niveles alarmantes y podría tener consecuencias devastadoras para el ecosistema marino y la salud humana.

Un problema que ha crecido exponencialmente en quince años

Un problema que ha crecido exponencialmente en quince años

Lo que hace apenas quince años era una pequeña mancha natural, ahora se ha convertido en un estrés ambiental a gran escala. El llamado “Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico” abarca las costas del Caribe y África, y según datos de 2025, se extendió por más de 5.500 millas —el equivalente a recorrer la península Ibérica más de ocho veces de punta a punta. La cifra habla por sí sola: un crecimiento descontrolado que requiere atención urgente.

La responsable de esta transformación es el Sargassum fluitans y natans, una macroalga parda flotante. Desde 2011, su reproducción ha ido en aumento, creando una franja de proliferación que se visualiza claramente en las imágenes satelitales. Pero, ¿qué ha provocado esta explosión demográfica?

Investigadores del Instituto Oceanográfico Harbor Branch de la Universidad Atlántica de Florida apuntan a una combinación de factores: el nitrógeno proveniente de algas, las aguas residuales y el impacto de la agricultura. Ríos como el Amazonas, el Misisipi y el Atchafalaya actúan como transportistas de estos componentes, alimentando el crecimiento desmedido del sargazo.

Pero hay un detalle que preocupa aún más: cuando esta masa de algas se descompone, libera sulfuro de hidrógeno, un gas tóxico que afecta directamente a la salud humana y daña los arrecifes de coral, ecosistemas vitales para la biodiversidad marina.

La retirada del cable que permitió la conexión a Internet global desde el fondo del mar, sumado a la inestabilidad detectada en los icebergs, añaden una capa más de complejidad a la situación. El océano, antes un refugio de azules, se enfrenta a una nueva y preocupante realidad.

Aunque no se trata de una emergencia tan inmediata como la acumulación de residuos plásticos o la emisión de dióxido de carbono, la advertencia de los científicos es clara. La solución no es sencilla, pero la inacción podría acarrear consecuencias irreversibles. La magnitud del problema, que afecta a múltiples países, exige una respuesta coordinada y, sobre todo, rápida.

La situación actual nos recuerda, una vez más, que la salud del planeta no es un asunto lejano, sino una realidad que nos concierne a todos. Y la imagen de un Atlántico teñido de marrón debería ser un llamado a la acción, no una simple noticia más.