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China reverdece un desierto con sol y ovejas: un experimento que podría cambiar el planeta

El desierto de Talatan, en la provincia china de Qinghai, ha dejado de ser un páramo para convertirse en un oasis gracias a una audaz combinación de energía solar y pastoreo extensivo. Un modelo que, según algunos expertos, podría ofrecer una solución sostenible a la desertificación a nivel mundial.

Un avance sorprendente en la lucha contra la degradación del suelo

Un avance sorprendente en la lucha contra la degradación del suelo

Un informe reciente del Tribunal de Cuentas Europeo pone de manifiesto la urgencia de abordar la desertificación, un problema que amenaza la seguridad alimentaria y la estabilidad económica de regiones enteras. Mientras Europa se debate sobre estrategias, China ha apostado por una solución radicalmente diferente.

Desde 2011, el gobierno chino implementó un ambicioso proyecto: la instalación de un parque solar fotovoltaico de más de 600 kilómetros cuadrados, una inversión que inicialmente pareció incongruente. Pero lo inesperado ocurrió cuando, poco después de la instalación, comenzaron a aparecer las primeras plantas. Un milagro de la naturaleza, impulsado por la tecnología y la tradición.

La clave reside en la propia tecnología. Los paneles solares, al proteger el suelo de la radiación directa, reducen la temperatura, disminuyen la evaporación y limitan la erosión causada por el viento. Un efecto beneficioso para el pastoreo, que se ha visto revitalizado gracias a la condensación del agua provocada por los paneles.

Huawei, uno de los socios tecnológicos del proyecto, destaca que se trata de “un caso de uso de la mejor práctica para el desarrollo de una economía ecológica”. Además, la instalación de estaciones base 5G por parte de China Mobile y Huawei ha permitido abastecer las necesidades de informática, redes e inteligencia artificial en la región, impulsando una economía local que, según datos oficiales, pasaba de una renta per cápita inferior a 1.688 dólares en 1998 a generar más de 80 euros al mes por persona en 2019.

Yehdor, un pastor de 48 años de la zona, recuerda con nostalgia los tiempos en que sus vacas y ovejas sufrían inanición debido a la falta de pasto. “En 1998, la situación era dramática”, relata. “Ahora, gracias a este proyecto, la tierra ha vuelto a florecer.”

El parque solar de Qinghai, operado por Huanghe Hydropower Development, ya genera una capacidad de 8.430 megavatios, convirtiéndose en la instalación solar más grande del mundo. Este éxito demuestra que la innovación tecnológica, combinada con el conocimiento ancestral y una gestión sostenible, puede revertir incluso los procesos más devastadores de degradación ambiental. Es un faro de esperanza, y quizás, la primera señal de que la humanidad está empezando a entender que la Tierra no es un recurso inagotable, sino un ecosistema frágil que requiere cuidado y respeto.